miércoles 15 de agosto de 2018

A Diana la divertía el face. A Caro no. Milu era de hablar poco, Caro todo lo contrario. Lo importante es que eran tres amigas muy amigas y que, a diferencia de la mayoría de los argentinos, sabían llevar las diferencias. A veces, como esta vez discutieron mucho.

—¿De qué dictadura me hablás? —preguntó Diana.

—Yo no sé si vos sos o te hacés… —dijo Caro con un visible tono de molestia.

Las tres estaban hablando de Malvinas y casi sin querer salió el tema de la dictadura, de los genocidios y de la historia (en singular) que nos contaron.

—Sabés de qué dictadura te hablo —agregó Caro.

—Dictadura o dictablanda —dijo Diana.

En ese momento Carolina reaccionó ofuscada y dijo que esa expresión que minimizaba todo el proceso había sido dicha con sorna y perversión por Augusto Pinochet (sin duda uno de los hombres más siniestros de Latinoamérica). El dictador chileno, colega de los dictadores de estas latitudes hacía referencia a que podría haber sido más dura. La cuenta es simple podrían haber sido 60.000, 90.000 desparecidos… es los mismo, al final “… mientras sea desaparecido es una incógnita, es un desaparecido no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, es un desaparecido” dijo en algún momento Jorge Rafael Videla, el más destacado de los dictadores argentinos (y eso que hubo muchos).

—Sabés de qué dictadura hablo. Y eso fue una historia muy negra de los argentinos y todavía duele, todavía las heridas no cierran porque ellos no se arrepienten —enfatizó Caro al borde de las lágrimas.

—¿Vos querés que pidan perdón? —preguntó Diana.

—Sí che, me parece. —acotó Milu —Tiene razón.

—¿Qué hablás? —preguntó Diana.

—Viste cuando vas a confesarte, lo primero que dice que dice el cura: ¿Usted está arrepentida? y agrega ¿tiene propósito de enmienda? Parece lógico. Si vos te la mandaste y estás orgulloso de lo que hiciste lo más probable es que lo vuelvas a hacer —agregó Milu.

—¿A cuántos genocidas escuchaste pedir perdón? —preguntó Diana.

—¿Y sabés una cosa? Esos mismos tipos son los que nos llevaron a Malvinas —agregó Caro.

—¿Vos querés que no vayan? ¿Qué sigan siendo de los ingleses y que se nos rían en la cara? —indagó Milu.

—Creo que soy la que más quiere a Malvinas. Mirá mi perfil: las dos islas y una lágrima envuelta en una inmensa bandera argentina con sol y todo —agregó Caro ya colorada de la bronca.

—¿Y eso? Nada que ver… —dijo Diana.

—¡Sí que ver! Uno no pone en el perfil cualquier verdura, pone lo que más le gusta o lo que más quiere. —enfatizó Milu.

—¡Ponele! —resaltó Diana.

—Y esa guerra fue salvaje, bah casi no fue una guerra, nos la pusieron mal. Duró poquísimo y los pobres pibes nuestros murieron como las cucarachas cuando les echan Raid —acotó Caro.

—Sí, los pobre son tenían ni armas para defenderse. Se les terminaron las municiones —agregó emocionada Milu.

—Yo creo que había que seguir por la vía diplomática —dijo Diana.

—Di-plo ¿qué? me parece que nos estamos yendo al carajo —repuso enojada Caro.

—Digo algo más interesante ¿A que no saben quíen me envió un emiticón anoche? —dijo Diana como para salir del paso y del papelón.

—¿Juaco? —preguntó Milu.

—¡Correcto! —respondió Diana.

—Tanto que se hacía el más… —agregó Milu.

 

Y la conversación siguió por un andarivel lejos de las dictaduras y de Malvinas, pero la conversación de estas tres amigas nos ayudó a recordar la fecha y a pensar qué historia nos cuentan y cómo hacemos para no perder la conciencia para que nunca más en la Argentina tengamos dictaduras o estas guerras donde mueren (o se terminan suicidando) miles de inocentes.