viernes 26 de febrero de 2021

Hace algunas semanas, sucedió un hecho natural: una jueza ordenó la intervención del PJ. ¿Natural? Claro que sí, el oficialismo lo naturalizó, el periodismo al unísono y en masa uniforme (exrepublicanos) lo naturalizaron, y lo que resulta casi extravagante: parte del PJ lo naturalizó ¿Es natural?

Todo sucede tan vertiginosamente que esta reflexión parece antigua. Pero imaginemos por un instante: Donald Trump manda a un juez a intervenir al Partido Demócrata. Es difícil imaginar imposibles. Vamos por otro lado: Maduro manda a intervenir al principal partido de la oposición: ya suponemos el escándalo internacional contra “la dictadura de Maduro”. El periodismo del mundo llegaría al clímax. Pero no, no sucedió ni allá, ni más allá. Sucedió acá, en esta Argentina donde todo parece tan natural como el sol o el otoño.

Todos seguimos en nuestras vidas naturales: en nuestros trabajos, mirando un partido de fútbol o buscando a los chicos del colegio. Nunca pasa nada tan grave que nos sacuda. Suben las tarifas al 1.300 % y decimos: “No podíamos seguir con tarifas tan bajas”; “Espero que a mí no me llegue mucho”. Echan a miles de trabajadores y decimos: “Es lógico, había demasiados”; “Pueda ser que a mí no me toque”. Nos endeudamos (o nos endeudan) y decimos: “Era sabido, es natural”; “Alguien lo va a pagar: pueda ser que no sea yo”. Y seguimos.

No hay antecedentes en democracia de un acto tan aberrante desde la perspectiva jurídica y menos desde la política. No hay un solo argumento jurídico que sostenga el fallo. Se dice que no hay unidad, justo cuando todos los sectores internos estaban buscando la unidad (o al menos la unidad posible). Se argumenta que perdieron las elecciones: con ese argumento habría que intervenir todos los partidos del mundo que no son gobierno. Y llevando el argumento al extremo, habría que intervenir a todos los clubes de fútbol que no salgan campeones. La jueza cita a Perón (¿?). Una aberración, un mamarracho jurídico y antinatural… que nos resulta natural.

 

Intencionalidad

 

Si alguien tiene alguna duda sobre la intencionalidad del fallo tiene que mirar los antecedentes (o prontuario) del interventor: quema de urnas, enriquecimiento ilícito, uso de armas y siguen las perlitas acumuladas por el cuestionado gastronómico.

Desde lo político la cuestión es más grave: la democracia presupone reglas de juego claras, igual para todos, que todas las instituciones, principalmente los partidos políticos tengan libertad y posibilidad de hacer conocer sus ideas y propuestas, de presentar los candidatos que consideren mejores, en fin de actuar con igualdad y libertad y que cada afiliado tenga los mismo derechos. ¿Qué igualdad y libertad puede haber si el interventor es amigo-socio del presidente y enemigo declarado de gran parte de los afiliados del partido?

Acá no sólo se quebró la vida interna de un partido, se corrompió la democracia: “De acá saldrá el candidato” dijo el cómplice Barrionuevo. ¿Qué le espera a esta vapuleada Argentina, qué Barrionuevo diga quién es el opositor a Macri y al modelo de ajuste por él sostenido?

Millones de ciudadanos quedan sometidos y en dependencia de un sindicalista multiprocesado y de dudosas convicciones democráticas.

 

¿Naturalizar?

 

¿Es natural? No. No es natural.

No es natural ni normal que suceda esto en democracia. La intervención a partidos políticos se dio en dictaduras militares donde la política y la libertad eran mala palabra.

La democracia ha recibido un puñal en el corazón. Le queda una máscara grotesca y sonriente de democracia. Pero está siendo afectada en su sustancia más elemental. ¿Es natural?

¿Es natural perdonarse a sí mismo una deuda de 70.000.000 millones de pesos, es natural esconder el dinero en guaridas fiscales? ¿Es natural el silencio y la complicidad de un coro de loros disfrazados de periodistas? ¿Es natural beneficiar a los amigos del poder con tarifas exorbitantes en servicios básicos para la vida y a costa del sacrificio de todo el pueblo? ¿Es natural que todo el entorno presidencial, desde su hermano pasando por gran parte del gabinete se acojan al blanqueo de capitales?

 

Opereta

 

Sin lugar a duda, lo que acá se está materializando es una opereta de la peor política imaginable: dividir la oposición y la alternativa al oficialismo-ajuste, impedir la unión posible, obstruir cualquier armado de una alternativa seria y competitiva, impedir el juego interno en libertad y democracia, controlar a una oposición sana para cerrar cualquier salida que no sea el oficialismo. ¿Esto es natural?

¿Es normal que quienes se quejaban de falta de derechos republicanos terminen avalando esta amputación a la democracia y a la república?

Frente a este escenario, parece una obviedad que el PJ por sí solo no pueda ganar una elección y que necesite de mucha inteligencia para diagramar un esquema y una propuesta superadora a este gobierno y a su propio gobierno que terminó a fines del 2015. Tendrá que ser muy generoso en la convocatoria y distribución de cargos y responsabilidades. De nada servirán acusaciones y facturas pasadas para sumar y presentar una alternativa competitiva con chances de ganar la elección 2019.

De todas formas si no lo hace, si su mezquindad o su miopía política pudieran más y se olvidan de la patria, será un problema del PJ y no de una jueza Servini y servil o de un mandamás del peor sindicalismo argentino.

El peronismo tiene sobrada historia y principios ideológicos-políticos (Estado de bienestar) para mostrar una alternativa distinta al neoliberalismo amarillo.

Al elitismo se le puede mostrar el mejor populismo; a los negocios de un minúsculo grupo: la distribución equitativa para el pueblo; a los tarifazos una búsqueda de justicia social; frente al endeudamiento seguir negociando con la misma convicción que lo hizo Néstor y que tan buenos resultados nos dio como país.

 

Casi como fin

 

Finalmente, de lo que se trata no es de un sello legal. Ni siquiera de un nada desdeñable presupuesto electoral. Lo que está en disputa es una tradición política, una identidad, la libertad y la propia democracia.

El peronismo nació en los arrabales de la incorrección política y del antagonismo social y desde ahí muestra y marca su diferencia con un neoliberalismo con una renovada oligarquía. Y acaso este es el sistema de partidos: mostrar el juego de la diferencia desde la diferencia de concepción.

No solo está en juego el principal partido de la oposición, aquí se juega el futuro del juego democrático. No es natural, no puede ser natural que el oficialismo deje a la democracia sin oposición.