viernes 26 de febrero de 2021

Sil y Mili se juntaron a preparar el tema que la vieja de historia les había encargado. Protestaban (mejor dicho p… en colores). Estaban indignadas, pero de la conferencia dependía la nota final del práctico. No les quedaba alternativa. En la pieza de Sil se escucha la p m que… ¡Otra vez!

—¡Otra vez con este cuento del 25 de mayo! ¡Me tienen harta! ¡Har-ta! —dijo Mili casi a los gritos.

—Mirá tengo una que ni vos ni la vieja se imaginan: en la conferencia vamos a presentar a Felipe Pigna.

—¿A quién? jodeme… la piña me la dan en mi casa si no apruebo —dijo Mili.

—Dale , vas a ver que va a estar buenísimo. Vamos a hacer algo zarpado y hasta la vieja se va a enganchar —dijo Sil con entusiasmo.

—Bueno, dale arrancá vos. Dictame y yo voy escribiendo directamente en la compu para que el PowerPoint nos quede de una.

—Dale empiezo leyendo a este viejo groso. Dice el chabón este:

En 1810 Buenos Aires no era tan trascendente, Chuquisaca o Montevideo eran más importantes. Una por su universidad y la otra por su puerto. Buenos Aires tenía apenas 40.000 habitantes y 40 % eran esclavos.

—Pará un cachito me parece piola que a las cifras las pongamos con números muy muy grandes para que los giles de nuestros compañeros se copen.

—Parecés medio ñoña… bueno dale metele tamaño, color y florcitas. Sigo:

Los jesuitas habían dejado su sello, tuvieron poder hasta que en 1767 los expulsaron porque tenían poder y porque organizaban la comunidad (indígenas y campesinos) empoderándolos con poder propio. Eso era peligroso para la mirada de la corona española que solo quería someter en situación casi de esclavitud.

España empezó a mirar y a darle importancia a Buenos Aires a partir de la presencia portuguesa en las costas argentinas. España estaba algo complicada, la revolución de Estados Unidos de 1776 había traído la Constitución con la división de poderes y los derechos individuales y luego la Revolución Francesa de 1789 que ponía fin a la monarquía absolutista.  

—Pará que se me terminó el cuadro ¿Adónde meto eso?

—Creo que es mejor un nuevo cuadro y que lo titulemos “Causas remotas de la Revolución de Mayo”.

—Ah claro, mejor así —dijo Mili.

—La burguesía (comerciantes muy acomodados) necesitaba cambiar el régimen de nobles. Querían desplazarlos para tener acceso al poder y comercializar libremente. En el reino o en el Virreinato no tenían lugar. Qué gil que soy pará… me salteé a Moreno: y Moreno fue el más grande de los ideólogos de la Revolución: él había estudiado a Rousseau, a Voltaire, Montesquieu, y todos los más grandes libertarios de la época —seguía narrando Sil.

—Eso sí me parece interesante. Sí ese tipo era muy groso. Hoy diríamos que estaba reloco y seguro que terminaría preso. Y así murió —agregó Mili.

—Cuando Fernando VII cae en manos de Napoleón… Chan, lluvia de chan… se viene la Revolución. Las colonias se dan cuenta que esto es una oportunidad para liberarse de España y avanzan sin titubear. Todos los patriotas se envalentonan y el 25 declaran un gobierno patrio.

—Yo no entiendo bien ¿en qué nos cambió tener un gobierno patrio? —preguntó Mili.

—¡Nena! hubieron mil cambios: se empiezan a proteger la incipiente industria nacional, los derechos que se plasmarán en la Asamblea del año XIII y todo este procesos se consolida en 1816 cuando se declara la independencia. Pero el debate y toda la idea revolucionaria comenzó acá —dijo Sil.

—Te hago una pregunta ¿vos creés que la historia es solo pasado o que sigue viva? —preguntó Mili.

—Creo que sigue viva, que nos enseña aunque no aprendemos. Creo que como dice el groso y grueso Pinti: “Este país es tartamudo, repetimos los mismos errores” —dijo Sil.